
Estoy leyendo un libro, es rayadazo! Lo empecé en la playa. Me encanta leer en la playa. Me evita tener que responder a conversaciones forzadas que no me provocan. Me libra de que me caiga compañía inesperada. Me redime del chisme de cajón de los balnearios limeños. Me relaja, me desconecta y me conecta con el mar, la brisa y, por supuesto, me bronceo mejor, voy rotando de posición cual pollo a la leña. En la playa soy un poco ermitaña. Nada gregaria. Yo y mi sombrilla. Yo y mi pareo. Yo y mi libro. Primero yo, segundo yo, tercero yo. Me permito ser egoísta. Pasa María. Me deja un helado de hielo de limón y una enorme sonrisa. Le agradezco a María. Inicio una corta conversación con ella. Hoy hay sol, la caja en que lleva los helados pesa más, me cuenta. Me pregunto, ignorante de los avatares de ser heladera, será algún efecto térmico sobre el teknopor? No mamita, que falta de idea. Lo que pasa que cuando sale sol, María con muy buen tino micro-empresarial, y conocedora de su negocio, se abastece principalmente de helados de hielo y esos pesan más que los de crema. María me deja una lección y se va discretamente. Yo le agradezco el helado y la enseñanza. Sigo leyendo. Estoy recostada boca arriba, tengo el pecho rojo y la barriga también. Hora de un giro. El autor me recomienda no pensar. La no-mente es el término que me seduce, pero más me captura el intento por asirlo. Craso error. No pienses dice el autor, y me recomienda concentrarme en una actividad actual y pegarme en ella. Me concentro en el helado. El hielo se pega en mi lengua. El acidito me hace salivar. Estoy chupando el helado con los ojos cerrados. No pienso, sólo disfruto del helado en mi boca y del sol en mi espalda. Me encanta el contraste. Me fascinan los extremos. Gracias María, nuevamente. Llegaste justo a tiempo para facilitarme la lectura. Continúo. Observa al pensador dice el autor. Me hace recordar a la Hoshi en sus clases de coaching. Observa al observador. Tomo distancia. Lo logro por un segundo, puedo separarme de mis pensamientos. Esta vez es el sonido. Me concentro en el de fuera para silenciar el de dentro. De fondo, las olas, perennes en su ir y venir; los gritos de los niños, un gordito que le dice a sus amiguitos que ya encontró petróleo en su hueco; un vendedor de anteojos, otro de collares; las tías discutiendo su tenida para la fiesta de año nuevo y los tíos poniéndose de acuerdo sobre el trago, ¿ya ven por qué prefiero estar sola?; regreso a las olas, me dicen mucho más. Bloqueo el resto, lo logro otra vez. Gracias mar, como siempre. Recién empiezo el libro y me inquieta lo que voy encontrando. Me alucina experimentar eso de la no-mente, de poder dejar los pensamientos a un lado. Han sido muchos meses grises y fríos, pensando y pensando, abusando de esta mente que siempre ávida me llevó a la Maestría para seguir entrenándose y demostrando que aun es fuerte, que es vital, que es lúcida, que es, que está, que puede. El autor me dice que la deje descansar, que no la juzgue, que no le atribuya valor, ni bueno ni malo. Que la ponga en stand by. Eso es lo que quiero hacer, por lo menos en lo que se refiere al estudio y mientras tenga al mar al costado y a María pasando de rato en rato. Así yo alivio su carga y ella la mía.