jueves, 23 de abril de 2009

vieja de asilo


I whispered, 'I am too young',

and then, 'I am old enough';

wherefore I threw a penny

to find out if I might love.

'Go and love, go and love, young man,

if the lady be young and fair'.

Ah, penny, brown penny, brown penny,

I am looped in the loops of her hair.


O love is the crooked thing,

there is nobody wise enough

to find out all that is in it,

for he would be thinking of love

till the stars had run away

and the shadows eaten the moon.

Ah, penny, brown penny, brown penny,

one cannot begin it too soon.

William Butler Yeats, Irish poet, 1865 - 1939

Cuando no haya comentario capaz de ruborizarme sabré que ya estoy vieja de asilo.
Me voy trenzando el pelo imaginariamente mientras manejo.
Releo imaginariamente un mensaje de texto que me sacó del cuadro.
Recuerdo el comentario de mi hijo acerca de los besos que se dan en público los “viejos”.
Ignoro el comentario de mi hijo. Pretendo que lo ignoro.
Evito jugar con mi pelo porque mi teoría dice que las mujeres que se cogen el pelo compulsivamente están desesperadas por llamar la atención.
Me trenzo el pelo imaginariamente.
Sube mi tensión.
Me suelto el pelo imaginariamente.
Me estoy ruborizando y eso me alegra.
Compruebo que no necesito hacer maletas todavía, al menos no las que llevaré al asilo.
Veo a una pareja besándose en el parque.
Recuerdo el mensaje de texto.
Recuerdo el comentario sobre los besos.
El mensaje de texto dice así: You see. You taught me to smile.
El comentario de mi hijo dice así: “es raro ver a dos viejos besarse en público”.
Cuando tenga que ocultarme para dar un beso me iré directo al asilo.
Cuando deje de recibir mensajes de ese tipo y cuando no sienta la necesidad de trenzarme y destrenzarme el pelo, aunque sea imaginariamente, empezaré a empacar.
Porque una puede estar pensando en el amor hasta que las estrellas se hayan fugado o hasta que las sombras hayan devorado la luna, o hasta que esté vieja, vieja, re-vieja, pero no de asilo.

domingo, 12 de abril de 2009

huevito de pascua con todo mi corazón...


Mi mami siempre escondía los huevos de pascua en el jardín, metidos entre las plantas, para que creamos que el conejito de pascua los había dejado allí.

Mis hermanos decían que todo eso es mentira, que Papa Noel también es mentira y que el ratoncito de los dientes también es mentira. Igual salían a buscar los huevos, y si no me apuraba, me dejaban sin el mio, aunque mi mami se aseguraba de que no hicieran trampa, ella me daba pistas, frio, tibio, caliente, así lo hacía más divertido. En verdad, cuando ella tiene ganas de hacer las cosas, todo es más bonito, pero es una pena que no siempre tenga ganas, casi siempre está cansada…

Yo le he dicho que me voy a apurar en ser mamá. Máximo a los 20. Ella se sorprendió bastante. Dice que me estaba educando para ser una mujer independiente, como ella… qué será eso? Yo lo que sé es que quiero que mis hijos puedan decir que sus abuelos los van a recoger del colegio, entonces, si no me apuro, ellos no van a poder decir eso porque mi mami, o sea la abuela de mis hijos, va a estar más cansada y no los va a querer recoger… a mi me encanta ver a los abuelos de mis amigas cuando llegan al colegio a recogerlas… a mi nunca me recogieron mis abuelos, son muy viejitos…

Hay otra cosita que mi mami siempre ha hecho muy bien, y es la celebración de los santos, me acuerdo desde que tenía un año, ella dice que es por las fotos, pero en verdad me acuerdo, entonces ella dice que tengo memoria precoz… siempre me hacía pedir un deseo antes de soplar las velas, antes no sabía como se pedían los deseos y ella me explicó… cierras los ojos y piensas con muchas muchas ganas en algo que quieras que se te conceda y lo deseas con todo tu corazón… yo lo hago hasta ahora y siempre lo voy a hacer, claro que ya no aprieto los ojos muy fuerte ni hago muecas, para que nadie se de cuenta de que estoy deseando, pero ella sabe, es nuestro secretito, porque siempre me pregunta después, hijita, qué desesate? Y yo siempre le cuento, sólo a ella, porque sino no se cumple.

Anoche me levanté y aun no había escondido los huevos de pascua, no sé si es porque estaba cansada o porque se desanimó, yo le hice acordar antes de acostarme , pero como mi hermano mayor abrió su huevo antes de tiempo sin esperar, entonces ella se puso un poco triste… además, se fue con su enamorada y no va estar con nosotros hoy… yo sí quería hacer la búsqueda, y que ella me vaya guiando, tibio, frio, caliente, y así encontrar mi huevito con su ayuda que ya no necesito tanto porque mis hermanos ya no participan…

…ya amaneció y ahorita estoy apretando mis ojos, y aunque no es mi santo, voy a ver si se cumplió mi deseo…

miércoles, 8 de abril de 2009

conversando con Joaquín...


Conversando con Joaquín sobre mis dudas democrático – existenciales, (confesándole que los cívicos me llegan al pincho….), contándole que no me puedo regocijar como se esperaría de mi en este momento (que me joden cada uno de los comentarios exaltados de los que se erigen en jueces…) y que cuestiono tanto un extremo como el otro (todos los discursos extremistas me parecen una buena mierda …), le invito una chela, que nos tomamos a medias, y él, que siempre me acompaña los viernes por la noche mientras espero a Renato, interpreta lo que me pasa entre canción y canción y con su voz aguardientosa me va diciendo así:

Que los que matan se mueran de miedo:
…o los matará una sentencia de 700 páginas con sus partes considerativa, analítica y condenatoria…

Que ser cobarde no valga la pena:
…Y que ser justo lo valga…

Los fugitivos del deber no tienen más amor que el que han perdido:
…o el que ganarán por una sentencia excesiva…

Que no te compren por menos de nada:
… pero ningún postor me convence…

Mienten como mienten todos los boleros:
…todos mienten, sólo algunos se sientan en el banquillo de los acusados…

Ah Joaquín, qué bacán hablar contigo… tenía esta espina atravesada…

domingo, 5 de abril de 2009

mood de abril...


Abril llega en mood de transición, con su semana santa y su sol de despedida.

Me casé en abril y en abril abrían las puertas los colegios:

Empezaban las clases un cuatro, o un cinco de abril, siempre en lunes y nunca en febrero, cuando las vacaciones eran largas y distendidas, sin horarios, ni talleres, ni destrezas que fortalecer ni preparaciones para el futuro…

Me casé en abril, 1 hora y media tarde y con dos meses de barriga, en una playa, un domingo, a muchos kilómetros de Lima, entre amigos, entre curiosos, entre amigos curiosos, ¿por qué se le dio a este par salirse así de la rutina?

Abril me coge así, medio desprevenida, laxa, floja, con harto rezago de playa y sin mayores apuros: terminé la Maestría, Renato en tercer año de carrera, Salvador empezando el bachillerato, y Beatriz feliz como una lombriz, como siempre, como es ella.

Abril llega con calor y se va con frío, y en el interín celebro el cumpleaños de mi madre, mi aniversario de bodas y olvido ir a misa por semana santa.

Abril se va dejando una estela de recuerdos, pero mientras dura, hago mudanza interna para sobreponerme al frío de los meses por venir…

viernes, 20 de marzo de 2009

relatos de akelarre singularis


Tatuaje en el dedo gordo

Me tatué la yema del dedo gordo del pie derecho. Es un tatuaje inusual, en un lugar poco visible. No lo hice para exhibirlo. Lo tengo como quien se amarra una cinta en el índice para no olvidarse de algo importante. Por eso, este tatuaje no está grabado con tinta, está teñido con sangre. Tiene una forma indefinida, como las figuras que usan los psicólogos en sus evaluaciones. Me lo hice allí porque últimamente le presto más atención a mis pies que a mis manos. Ellos me llevan y ellas me traen. Como prefiero ir que venir, se entiende la distinción. No es gratuito entonces que el tatuaje esté allí, indicándome a dónde voy y no de dónde vengo. Mi procedencia es irrelevante. Mi destino es incierto. Pero mi tatuaje está allí, y así no me pierdo.

El enamorado que nunca me besó

Ayer me encontré con alguien que se encontró con alguien a quien alguna vez no besé. No lo besé porque tenía los dientes amarillos y los colmillos salidos, y yo, que sólo tenía 14 años y era coneja, jamás hubiera anticipado que ese enamorado, 30 años después, se pondría incómodo frente a la esposa ante la simple mención de mi nombre. ¿Cómo hubiera sido si lo hubiera besado?

Blanca Nieves mide 2 metros y la Nanny va de compras a Wong

Había una vez un chico alto muy alto que decidió aparecer en una fiesta vestido de Blanca Nieves. Había una vez una niña muy niña que quiso tentar el disfraz de mayor e irse de compras. Había dos madres muy madres, preocupadas por no saber cómo enfrentar el ridículo que sus hijos no sienten porque no conocen. Había un público muy atento, escuchando estos cuentos para devolverlos con final cambiado y feliz colofón: nadie nace sabiendo ser madre y los hijos también nos dan lecciones. Si ellos dominan el escenario de la vida desde sus fantasías y anhelos, ¿qué importa si visten de lobo o de caperucita?

Club de fans singularis

No invoques que se aparece, advierten las brujas experimentadas. Como nosotras no somos experimentadas, pero sí bien brujas, invocamos a cuanto nombre se nos pasa por la cabeza. Que si ví a fulanito de tal - que estaba con menganita de cual - la ex de perensejo… y así la recatafila de seres que desfilan de boca en boca. Pásame la manti…. una de las prácticas singularis que menos me gustan, pero a la que le entro, debo confesar, con demasiada facilidad luego de que mi curiosidad y morbo vencen mis resistencias. Uno de los invocados en el último akelarre de singularis fue Gianmarco. Y para decir que los conjuros se cumplen, y donde hay más de dos mencionando mi nombre allí estoy yo, zas, el Gianni que se le aparece al día siguiente a una de las singularis. Lluvia de e-mails y el consiguiente revuelo de escobas. Te amamos Gianni, tu nuevo club de fans.

sábado, 14 de marzo de 2009

So what?


La crueldad no fue mi dominio. Hasta he alimentado hormigas, - como si esas sabias laboriosas hubieran necesitado de mi – pasatiempo de niña solitaria y observadora. Una vez me encontré un colibrí herido. No he visto nada más indefenso en mi vida. Lo alimenté por unas horas con yema de huevo cocida, recomendación de una vecina excéntrica, creo que lo maté. Lloré mucho. Por algunos meses cada vez que veía un colibrí, - antes se veían seguido – lloraba. También sufrí terriblemente cuando los schnauzer de mi vecina se tragaron a los pollos que me saqué en la kermes de mi colegio. La madre, como buena alemana con harto sentido de culpa y deseo de reparación, se fue a La Agraria y me trajo 3 pollos que acababan de salir del cascarón, hasta húmedos estaban. Los crié hasta gallos y me opuse a que fueran al caldo del jardinero. Murieron de viejos creo, sin gloria pero sin pena, ni en la olla ni en la arena.

No fui una niña cruel, como lo son muchos niños que aprovechan de la inmunidad que otorga la infancia para liberar la válvula de la violencia antes de que estalle en la adultez. Debí serlo, aunque sea un poquito, porque ahora me he vuelto cruel de toda crueldad. Ya hay varios muertos en mi haber. Algunos destripados, otros degollados, y muchos desollados. Los he reventado a golpes en mi mente, y el que sean muertos imaginarios no es atenuante alguna, no me estoy exculpando, los asumo, a mis muertos, son mi pasivo, pasarán a ser parte de mi karma seguro, o de la leña que ha de quemarme en el fuego de algún infierno.

Algunos de ellos pretenden regresar a hacerme la vida imposible, como si no bastara la condena de la eternidad para lidiar con sus lamentos, regresan como fantasmas del pasado, a preguntar qué fue, qué fue qué fue de ti, y qué has hecho del amor que yo te he dado… a esos los vuelvo a matar, sin miramientos, con premeditación y alevosía, sin atenuantes y todos lo agravantes.

La crueldad se ha vuelto mi dominio. De la niña piadosa y caritativa poco queda. Es que ya no se trata de indefensos colibríes, ni de seres desvalidos. Me he dado cuenta que no resisto la decadencia humana, exudo intolerancia por cada uno de los poros de mi piel.

Probablemente tendré que esperar una encarnación más para deshacerme de ellos. Sólo espero que regresen en forma de hormiga, para rociarlos con agua hirviendo, o de pollos, para torcerles el pescuezo. Como seré una niña cruel nada contemplativa, después seré una adulta normal tranquila. Ni modo. Para otra vez será. So what?

miércoles, 4 de marzo de 2009

La clínica de las plantas


Cuando alguna planta languidecía por falta de agua o de cuidado, por exceso de sol o por mala ubicación – nótese que hay plantas de luz y otras de sombra y además que éstas suelen buscar un lugar en la casa que no es necesariamente la esquina perfecta que habíamos con arbitrariedad escogido para ellas – la Tata la mandaba a la clínica de las plantas. La clínica de las plantas no es un vivero, ni la casa del jardinero ni un jardín botánico ni cosa parecida. La clínica de las plantas es una palmera kentia. El nombre lo acabo de descubrir, aunque la tengo hace más de 15 años. Me la regaló mi padre. Fue una de las dos plantas que me regaló papá, la otra es un arbolito ficus, se lo vendieron como de la felicidad, y como me la había prometido, - la felicidad-, me la regaló.
La palmerita kentia vivió primero confinada en una maceta, cuando nosotros vivíamos confinados en un departamento. Cuando nos mudamos a una casa, ella se mudó a un jardín. Ella se expandió y nosotros también. Todos crecimos, la familia, las plantas, los espacios acompañándonos a ambos. Fue allí que descubrimos sus propiedades. Creo que fue por casualidad o quizá la Tata en su sabiduría innata, empezó a poner a los engreídos culantrillos, mustios y quebradizos al cobijo de su sombra. De pronto, los culantrillos reverdecían, se poblaban sus hojas y se tupían como melenas crespas y rebeldes. Luego probamos con otras especies, incluso con algunas plantas abandonadas por los jardineros en los bultos de desmonte – confieso que la Tata suele huaquear por esos lares al rescate de toda suerte de crotons, anturios y demás hierbas- todas se recuperaron, como enfermos desahuciados que salen de UCI a emprender una nueva vida.
Mientras tanto la kentia, ajena a los prodigios que le atribuíamos la Tata y yo, crecía descomunalmente en la esquina del jardín hasta casi alcanzar el límite de las paredes medianeras. De tanto en tanto la hacíamos podar para no invadir espacios vecinos, asegurándonos de que recibiera el trato especial que toda buena curandera merece. Fue a raíz de la remodelación de la casa que este perfecto orden se trastocó, y la doctora pasó a convertirse en paciente. No sabemos la exacta razón por la que el maravilloso micro-clima reinante alrededor de sus raíces y ramas dejó de tener el efecto sanador que le era inherente. No sólo eso, ella misma fue incapaz de sobreponerse a su propio decaimiento y empezó a amarillarse, rama por rama, hasta quedar reducida a un poco de tallos pelados y tristes.
Qué dolor, qué tristeza e impotencia, ir podando rama por rama, como quien amputa miembros en aras de la vida del paciente. En nuestra preocupación por salvarla hicimos junta de notables, jardinero a la cabeza, Tata reconstruyendo los hechos y María echándole leña al fuego: fueron los obreros, los obreros que vaciaron toda suerte de desperdicios tóxicos, pintura, tíner y otros químicos en el jardín. Pero no se trataba de buscar culpables, el afán era recuperar a la desahuciada. Medida extrema dijo el jefe de la junta: trasplante! Así, una mañana, con los ojos y la esperanza puestos en su pico y su pala, el jardinero desenterró a la kentia para limpiar sus raíces y dejarla casi en calidad de embrión. La operación era de alto riesgo, estábamos jugándonos el todo por el todo. Día tras día durante un mes la auscultábamos en busca de brotes nuevos, de alguna señal que delatara la vuelta a la vida de este ser misericordioso que tantas otras vidas había recuperado. Y así, vimos aparecer a su costado a una planta nueva, brotada de la desesperación y de la esperanza. Un papayo hembra. Cómo llegó allí, a esa precisa esquina? Quién dejó caer la pepita de esta nueva vida? Estuve tentada, lo confieso, de arrancarla de cuajo para evitar que invadiera el espacio vital de la kentia. Me contuve. Pensé, es la muerte que abre paso a la vida. Es la naturaleza quien decide, y si en mi casa mando yo, en mi jardín manda ella. Esperaremos sus frutos. Adiós querida kentia.